En O Suído, el lobo ibérico (Canis lupus signatus) constituye una de las expresiones más claras de paisaje invisible, no por su ausencia, sino precisamente por su presencia discreta, esquiva y raramente observable, y por el conjunto de efectos territoriales, sociales y simbólicos que genera sin hacerse visible. El concepto de paisajes invisibles se utiliza para describir dimensiones del territorio que no son evidentes a simple vista, pero que son fundamentales para comprender cómo funciona un paisaje, cómo se ha construido históricamente y qué significados sociales, culturales, ecológicos o simbólicos contiene.


